Sobre mi

Hola soy Walter, tengo 35 y vivo en Buenos Aires, Argentina.

Mis recuerdos más antiguos me remontan a la primera década de mi vida donde mis costumbres giraban alrededor de mis problemas de alergias, las que se me manifestaban de manera similar a los ataques de asma. Para controlar esto mi alimentación era diferente al resto de los niños (cero frituras y nada de salsas), semanalmente me aplicaba dos inyecciones y dos veces a la semana practicaba natación con la esperanza de mejorar mi capacidad pulmonar.

Promediando los 12 años mi situación había cambiado bastante, los problemas respiratorios ya sólo vivían en el recuerdo de mis padres, la natación había dejado de ser parte de mi vida hacía 6 años y fue reemplazada por un deporte el cual me despertaba mucha más pasión “el fútbol”. A pesar de estas aparentes buenas noticias una alama comenzaba a sonar en mi vida, el sobrepeso.

Mientras transcurría mi adolescencia a unos pocos pasos de la obesidad (el fútbol no lograba compensar mi mala alimentación y mi sedentarismo) el mundo se encontraba expectante a la llegada del nuevo milenio. La sensación de que el año 2000 cambiaría radicalmente la humanidad me contagió y no quise desaprovechar esa oportunidad.

En enero del 2000 con 15 años empecé a en el gimnasio, decidido a bajar de peso apliqué al pie de la letra la receta popular, reduje a la mitad las porciones de mis comidas, entrenaba fuerza en las máquinas y cardio en la cintas o la bicicletas fijas, seis veces a la semana. En marzo mis compañeros de escuela ya no me reconocían a menos que me tuvieran frente a frente, la pérdida de peso fue notable.

Había encontrado un nuevo estilo de vida sin embargo las mismas dudas siempre daban vueltas por mi cabeza ¿hasta cuándo debo hacer semejante esfuerzo? ¿Cómo continuaré cuando termine la escuela y ya no posea tanto tiempo libre entre facultad y trabajo? ¿Qué pasará cuando tenga una familia?

Tras 5 años de aprendizaje, logré un empleo como entrenador en un gimnasio, me motivaba mucho la posibilidad de ayudar a otros a lograr cambios como había sucedido conmigo. Tres años de trabajo me sirvieron de trampolín para sumergirme plenamente en ese mundo.

 La oportunidad de un nuevo empleo me alejó de mis tareas como entrenador. Los últimos años de mi carrera estaban llegando y poco a poco el fantasma de los tiempos acotados se fue haciendo realidad. Las preocupaciones laborales y la lucha con los exámenes finales, me generaban cansancio físico y mental; pese a esto, mi fuerza de voluntad no claudicaba y siempre encontraba una forma de ir al gimnasio, pero ya sin la frecuencia de antes.

Llegaron los temidos 30, edad donde siempre se dice que el cuerpo ya no responde igual, estaba casado y proyectando una familia mientras terminaba mi carrera. Durante ese período mi físico había empeorado con respecto a mis 20´s y vivía en un estrés constate. Varias veces intenté salir duplicando esfuerzo, pero recaía en lo mismo, más cansancio físico, más saturación mental y pocos resultados. Las recetas de siempre ya no funcionaban, las dietas me saturaban, las horas en el gimnasio no alcanzaba y tampoco me despejaba la cabeza, por lo que terminó convirtiéndose en una responsabilidad más.

Estaba estancado, sin embargo, la proximidad de un nuevo fin de año me esperanzaba, las obligaciones aflojarían, tendría el tiempo y la energía necesaria para redoblar esfuerzo y salir adelante. Pero un imprevisto se cruzó en mi planificación; el gimnasio cerraría sus puertas durante el mes de enero, justo en el momento que tenía pensado casi internarme en él.

Existían dos opciones, podría ir a otro gimnasio, pero quedaba más lejos y realmente no tenía ganas de agregar viaje (mi subconsciente pidiendo alejarme) o podía entrenar en mi casa, seguramente perdería musculatura, quizás ganaría algo de grasa y hasta no entrenaría sin la presión de “…pagué la cuota, debo ir…”.

Con miedo y desconfianza opté por la segunda opción, comencé a investigar sobre métodos de diferentes a los que conocía. Desde entrenamiento de actores de Hollywood, fuerzas especiales de los ejércitos, artes marciales y hasta artistas circenses. Terminé sorprendido al ver que ninguno de estos utilizaban máquinas y mucho menos pasaban horas haciendo cardio, sólo se basaban en movimientos del cuerpo libres y coordinados.  Fue así como comencé a entrenar sólo con mi cuerpo.

Ya en el primer día quedé sorprendido, anteriormente levantaba casi el doble de mi peso en una máquina de dorsales, sin embargo, ahora costaba mucho realizar una dominada con buena técnica. Al mes de entrenar, algo mudó, realmente lo sentía en mi interior, no sentía la presión de ir a entrenar, sino por el contrario lo deseaba, las sesiones eran cortas, no más horas de aburrido cardio. A los dos meses mi cuerpo había cambiado, se redujo la grasa corporal perdiendo muy poca masa muscular y ganando fuerza significativamente.

 Este cambio de paradigma despertó mi curiosidad, empecé a investigar; algo más tenía que haber en cuanto a la nutrición.  Fue así descubrí que habían muchos estudios científicos que avalaban otro tipo de alimentación y decidí probar. Poco a poco dejé los alimentos procesados, en especial todo lo que se adjudicaba el mote de light o diet; bajé la ingesta de cereales a la vez que aumentaba la de grasa y proteínas; e incorporé ayunos intermitentes.

Sentí que mi cuerpo realmente estaba preparado para esto, que lo venía esperando hace años, me sentía más fuerte y ágil que nunca. Ya no había vuelta atrás, mi visión sobre el mundo del fitness había cambiado.

Ya con las energías renovadas conseguí concentrarme y terminar mi carrera. Comencé a invertir muchas horas aprender, formarme, leí decenas de libros y artículos científicos; consulté con muchísimos expertos; me puse en contacto con gente que hacía tiempo andaba el mismo camino; y probé en mí mismo muchísimas de las cosas que iba descubriendo.

Ahora sí, todo parecía estar en orden y BOOOOM llega la noticia ¡vas a ser papá! ¿Y ahora? Tras unos meses de mezcla entre confusión, alegría y claramente miedo, me senté a pensar fríamente sobre mi realidad y aproveché la dulce espera a lecturas, investigación y aplicación a temas relacionados con la paternidad y la crianza del bebé.

Finalmente el día llegó, nació Olivia, me convertí en padre. Si mi visión con respecto al mundo del fitness había cambiado, ahora este hecho profundizó el proceso que había comenzado, mi visión con respecto al MUNDO era otra. Los cambios ya no son sólo a nivel físico, sino que se completan a nivel mental y actitudinal. Entendí que vivo en constante aprendizaje que finalmente el objetivo es llevar una vida placentera, responsable y libre.

Hoy he decidido compartirlo con el mundo con el objetivo de motivarme y con la esperanza de poder ayudar a alguien, darle el empujoncito inicial hacia su mejora personal, ese empujoncito que yo hubiera necesitado para comenzar antes a disfrutar de este camino que hoy en día transito diariamente.

No me considero ningún gurú, ni un coach de vida, simplemente un estudiante, un trabajador de a pie, un padre, una persona normal.

Gracias por leer.

Walter.

Podes escribirme a papaifuncional@gmail.com