Nutrición

Ideas para sobrevivir al apocalipsis zombie y volverse más fuerte. (parte 6)

Ya después de tantos días de aislamiento social supongo que ya entendemos que al levantarnos y encarar un nuevo día es más que útil cambiarnos de ropa y no pasar en pijama el día para evitar entre otras cosas ofuscarnos con la sensación de encierro y la posible angustia que esto puede llegar a generarnos.

Una de las cosas que generalmente no hacemos por “falta de tiempo” (aunque sabemos que esto es solamente una excusa) es exponernos al sol, generalmente nos pasamos el día encerrados en una oficina o lugar cubierto para luego entrar al transporte que nos deposita en casa donde nuevamente volvemos al encierro.

Ya desde los principios del siglo XX que se conocen los beneficios de la luz solar, en esa época cuando no existían los antibióticos, muchos hospitales colocaban camas al sol para ofrecer solución a enfermedades como la tuberculosis. Hoy en día sabemos que la luz solar refuerza nuestra inmunidad innata ayudándonos a combatir algunos tipos de bacterias, la tuberculosis era una de ellas.

Si bien algunos de los beneficios que nos proporciona exponernos a la luz solar las obtenemos mediante los ojos, para obtener la mayoría de ellos necesitamos exponer nuestra piel a la radiación solar, de esta manera se genera la producción de múltiples moléculas y hormonas haciendo que nuestra piel actúe similar a los otros órganos endócrinos.

La luz de la mañana sincroniza nuestros ritmos circadianos, nuestros relojes biológicos internos tan útiles para optimizar nuestra fisiología.

Exponernos a la luz solar nos genera un aumento de la producción de serotonina, haciéndonos sentir mejor anímicamente. La falta de vitamina D se asocia con una mayor tasa de depresión; se observa que en el invierno y en países donde las horas de radiación solares son menores, existen más casos de trastorno afectivo estacional, una especie de depresión que es similar a una hibernación en otros animales para economizar energía.

Un déficit de vitamina D está asociado a un mayor número de enfermedades autoinmunes, relación que se ve claramente en los países con menos radiación solar. La misma proporción inversa se observa con la obesidad, donde suplementando el déficit de vitamina D reduce la resistencia a la insulina.

Mayor exposición solar, mejora nuestro rendimiento cognitivo y nos previene de caer en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o la demencia.

Estudios demuestran que los pacientes en habitaciones donde tienen ventanas se recuperan mejor, sufren menos mortalidad, reportan menos dolor y requieren menor cantidad de analgésicos.

Más tiempo en espacios con luz natural disminuye la tasa de miopía, un mal que aqueja a muchos niños en la actualidad; aunque un exceso de radiación es peligrosa para los ojos.

El óxido nítrico liberado por nuestra piel al entrar en contacto con la radiación solar ayuda a reducir la presión arterial por lo tanto se disminuye el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Según los expertos la carga de enfermedad total se incrementa apenas un 0,1 % debido al exceso de radiación, mientras que por exposición insuficiente el problema es muchísimo más grave.

En los últimos años se ha culpado al sol de ser un verdadero asesino, pero esas recomendaciones fueron principalmente impulsadas para evitar la exposición extrema y antinatural que se practicaba. La idea no es que pasemos de estar horas encerrados sin exposición solar durante meses para luego con la llegada del verano tirarnos al sol como lagartos durante largas horas. La exposición debe ser gradual y continua, teniendo en cuenta muchos factores, entre ellos nuestro color de piel ya que depende de donde evolucionaron nuestros antepasado.

En general con 10 minutos de exposición solar sin protector en el horarios entre las 10 de la mañana y las 15 son suficientes. Tampoco es recomendable recibir el sol sólo en la cara, tenemos que tratar que nos impacte en la mayor parte del cuerpo posible. Si notamos que la piel empieza a enrojecer, eso es señal que nos pasamos, por lo tanto debemos retirarnos, de esta forma evitamos quemaduras, algo de lo que debemos huir a toda costa. Si por algún motivo debemos pasar más tiempo exponiéndonos en ese momento debemos usar protector solar.

En conclusión el sol es un arma de doble filo, un poco de exposición a diario es necesario pero debemos ser muy conscientes de no pasarnos, de lo contrario nos perjudicaríamos. Como recomendación final, intenta que te dé el sol y evita tirarte al sol.

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