Entiende tu cerebro y mejora tu cuerpo

La mayoría de la población vive de manera impulsiva, imitando a los demás y tomando decisiones sólo porque en ese momento les apetecía; decisiones que mayormente terminan siendo perjudiciales para sí mismos. Esta manera de actuar lleva a la sociedad a considerar bichos raros a aquellas personas que hacen lo que deben a pesar de no tener ganas; y dejan de hacer lo que tengan ganas porque no les conviene. Pero ¿qué es lo que realmente lleva a la sociedad a tener esta clase de comportamiento?

Varios cerebros, una persona.

Si bien es verdad que aún no se conoce completamente el funcionamiento de nuestro cerebro, mucho de los avances en los estudios multidisciplinares dan pruebas claras de que el mismo está dividido en secciones encargadas de diferentes tareas con el fin de optimizar energía. La neurociencia nos enseña como la interacción entre estas partes constituye las bases biológicas de nuestra conducta.
En lo profundo de nuestro cerebro casi cerca de la columna vertebral se encuentran las estructuras más primitivas, a la que llamamos sistema límbico. Esta zona común en los animales, se encarga de controlar nuestras conductas automáticas y emocionales, como respirar, comer, procrear y proteger nuestra descendencia. Las interacciones de este sistema son rápidas, y nos requiere una gratificación inmediata, buscando placer y escapando de la incomodidad. Todo este sistema fue de gran ayuda para sobrevivir en un medio salvaje.
La corteza prefrontal, la parte más cerca del cuero cabelludo parece ser las más recientes evolutivamente hablando. Este conjunto de materia gris representa la gran diferencia con el resto de los animales, nos permite planificar y controlar nuestros impulsos. Aquí residen los pensamientos más complejos y cuando tenemos una idea o nos reímos de algún chiste el trabajo neuronal se enfoca en esta zona. A diferencia del sistema límbico, esta región actúa más lento y requiere de más esfuerzo.
También vale la pena destacar una región conocida como ganglios basales. Esta sería una zona de alternancia entre la realización de acciones y toma de decisiones; y la evaluación de esas acciones y decisiones. Esta área es crucial en la formación y el mantenimiento de hábitos ya que entre otras cosas se encarga de recordar los patrones y actuar sobre ellos.
Muchas veces nuestro instinto de supervivencia es engañado por nuestro entorno actual y nos empuja a tomar decisiones equivocadas. La industria aprovecha esto y nos vende comodidad y placer, mientras nos oculta que al final del camino como consecuencias de estas decisiones emocionales encontraremos enfermedad y debilidad.
Entender que las decisiones deben tomarse en base a objetivos trazados a largo plazo, independientemente del estado mental inmediato es crucial para desarrollar nuestro máximo potencial en cualquier ámbito. Sin embargo las tentaciones están a la vuelta de la esquina, intentando convencer a nuestro sistema límbico de ceder; luchar todo el tiempo contra ellas es un estrés tan grande que puede hacer sucumbir hasta al más disciplinado. La clave está en encontrar la forma de que nuestro cerebro viva en equilibrio.

“…Tienes poder en tu mente, no afuera. Sé consciente de esto y encontrarás las fuerzas…” Marco Aurélio.


Claramente el primer paso consiste establecer un objetivo y un plan a seguir con metas claras, medibles y específicas. De esta manera cada meta alcanzada será un motivo de festejo, calmando esa ansia de gratificación y reforzando la motivación. Las metas claras nos liberan y hasta podemos sucumbir ante ciertas tentaciones sin que nuestro objetivo se resienta, por ejemplo esa cervecita permitida sólo después de completar un mes de duro entrenamiento.

“Cuando las prioridades están claras, las decisiones se hacen fáciles”

Igualmente mucha gente a pesar de tener bien claro sus objetivos ; termina abandonando su detallado plan de acción y fracasando; esto se debe a que toman la disciplina como una batalla individual sin entender que en realidad están más influenciados por la sociedad de lo que creen. Nuestro entorno, nuestro grupo es en realidad, de los elementos que nos rodea el que tiene más incidencia en nuestra conducta y más nos afecta. Nuestros primeros hábitos ni siquiera los elegimos, los heredamos, mejor dicho los copiamos; terminamos convirtiéndonos en los que nos rodea. Un estudio publicado por la universidad de Duke en 2006 revela que más del 40% de las acciones que realiza una persona cada día no eran decisiones de ese momento sino hábitos.
Lamentablemente en la actualidad los malos hábitos son socialmente aceptados. Nadie nos mira raro por desayunar todos los días mates con facturas, por tomar alcohol a diario mientras miramos maratones en Netflix o por ser extremadamente sedentarios. Estos hábitos se extienden fácilmente y se pasan de persona en persona, existen estudios que muestran que si el grupo con el que nos relacionamos tiende a subir de peso, nuestras probabilidades también aumentan, en cierta forma se podría decir que la obesidad es “contagiosa”.
Pero no todas son pálidas, lo mismo que sucede con los malos hábitos sucede con los buenos hábitos, por lo tanto, a la hora de determinar nuestros objetivos debemos tener en cuenta el entorno donde lo desarrollamos e intentar pasar mayor tiempo con las personas que nos ayudarán a lograrlo directa e indirectamente.
En el artículo siguiente desarrollaremos algunas ideas para modificar nuestro entorno y lograr de a poco cambiar los malos hábitos y adquirir nuevos evitando la constante lucha interna, logrando el equilibrio entre nuestro diferentes “tipos” de cerebro.

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